Cursillo de vela en Puerto Rico

La Escuela de Vela "Joaquín Blanco" recibe un año más a nuestros alumnos de 5º de Primaria.

Como viene siendo tradicional, las semanas previas a las vacaciones de Semana Santa, son las elegidas para llevar a cabo el tan esperado cursillo de vela. A lo largo de tres semanas, una para cada grupo de 5º de Primaria, nuestros alumnos se convirtieron en alumnos de la prestigiosa Escuela de Vela "Joaquín Blanco" de Puerto Rico, que tantos campeones ha dado al deporte de la vela.

Aunque en todo momento hubo un profesor o profesora del Heidelberg presente, desde el primer día, los monitores, Myriam, Jordán y Eduardo, se ocuparon de todo, demostrando su gran experiencia en el trato con los niños.
Aunque el tiempo no fue bueno los dos primeros días, a partir de ese momento, las actividades se desarrollaron como estaba previsto.

Por las mañanas, antes de desayunar, un poco de ejercicio en la playa para despertar el cuerpo. Tras el desayuno tocaba recoger las habitaciones, que serían calificadas por los monitores según su orden y limpieza. A continuación cada grupo (con nombres elegidos por los propios niños), formaba en una fila para recibir las puntuaciones del trabajo realizado y el programa del día.

Los niños y niñas recibieron formación teórica antes de realizar cualquier actividad que así lo requiriera, aprendiendo conceptos y términos propios del mundo de la vela, así como las partes de las embarcaciones, su función y su manejo; palabras como botavara, cabo, orza, escota, flamear, trabucar, achicar y otras muchas, ya forman parte de su vocabulario.

Los alumnos tuvieron ocasión de navegar en óptimist, en raquero y en kayak, aprendiendo las particularidades de cada embarcación.
Tras navegar, los alumnos disponían de un tiempo de descanso que aprovechaban para jugar en la playa. Seguidamente, y tras un breve aseo, llegaba el momento del almuerzo, siempre delicioso, preparado por Juan Antonio, el cocinero de la escuela de vela.
Llegaba así otro periodo de descanso que muchos de los alumnos aprovechaban para llamar a casa y contar las experiencias del día.

Si el tiempo lo permitía, por la tarde volvían a navegar, para más tarde y tras una buena ducha, prepararse para la cena y escribir a "Chona", un buzón muy colorido donde los niños y niñas expresaban sus sentimientos.

Normalmente por la noche se hacía una última actividad antes de acostarse hasta el día siguiente, que podía consistir en unas partidas al minigolf, caminar hasta la playa de amadores y tomar un helado, etc.

Estas jornadas han servido para que nuestros alumnos se inicien en el deporte de la vela, pero sobre todo, para estrechar lazos entre compañeros y profesores y para aumentar la confianza de los niños y niñas en sí mismos, ya que para muchos de ellos era la primera vez que pasaban tantos días fuera de sus hogares.